La Diputación de Badajoz recibe a los bomberos del CPEI tras su misión de rescate en Venezuela

Los diez efectivos regresan a la provincia con la satisfacción del deber cumplido, aunque reconocen una «profunda sensación de impotencia» por no haber podido localizar a víctimas con vida

La presidenta de la Diputación de Badajoz, Raquel del Puerto, ha recibido este lunes en el Paraninfo del Palacio Provincial al equipo de bomberos del Consorcio Provincial de Prevención y Extinción de Incendios (CPEI) que ha participado en el dispositivo internacional de ayuda desplegado en Venezuela tras los devastadores terremotos que han afectado al país.

El acto ha servido para reconocer públicamente la labor de los diez bomberos que integraron la misión: Luis Moreno, jefe del equipo; José Manuel Bellorín, responsable de seguridad; Raúl Aza, jefe de la Unidad de Búsqueda y Rescate (BREC); Carlos Estrella, Juan José Farrona y Carlos Coronado, especialistas en rescate y apuntalamiento; Rafael González, responsable de la unidad canina; Javier Muriel, sanitario de la unidad BREC; y José Manuel Guerrero y Martín Serván, integrantes de la Unidad de Logística y Apoyo Técnico.

Junto a ellos, también ha tenido un papel protagonista Luka, la perra de rescate que ha formado parte del operativo desarrollado sobre el terreno.

«Un ejemplo de profesionalidad, entrega y vocación de servicio público»

Durante la recepción, Raquel del Puerto ha trasladado a los integrantes del contingente el agradecimiento de toda la provincia por una misión marcada por jornadas de trabajo especialmente intensas y exigentes.

La presidenta provincial ha destacado que los extremeños han seguido con atención y admiración cada paso del equipo durante su estancia en Venezuela y ha definido su actuación como «un ejemplo de profesionalidad, entrega y vocación de servicio público».

Del Puerto ha reafirmado además el compromiso de la institución provincial con el pueblo venezolano y ha recordado que la Diputación continuará prestando apoyo dentro de sus posibilidades. En este sentido, ha puesto en valor la ayuda humanitaria de 50.000 euros que la institución canalizará a través de Cruz Roja para atender a la población afectada por los terremotos.

La presidenta ha expresado su «máxima satisfacción y orgullo» por el trabajo desarrollado por los efectivos y les ha animado a descansar después de la dureza de una experiencia que, según ha señalado, permanecerá para siempre en la memoria de quienes han formado parte de ella.

Un acto marcado por la emoción

La recepción ha contado también con la presencia del diputado del CPEI, Andrés Hernáiz, y de representantes de la comunidad venezolana residente en la provincia.

Entre ellos se encontraban César La Torre, venezolano que regenta un bar en Badajoz y que ha impulsado una recogida de material para enviarlo a sus compatriotas, y Alessandro Testa, presidente de la Asociación de Venezolanos de Extremadura.

El encuentro ha estado marcado por la emoción y por el reconocimiento a un dispositivo que se activó en tiempo récord para desplazarse hasta el país sudamericano y colaborar en las tareas de búsqueda y rescate tras la catástrofe.

Una unidad con experiencia en grandes emergencias

Durante el acto también ha intervenido el gerente del CPEI, José Antonio Palanco, quien ha recordado que fue en 2008 cuando comenzó a fraguarse el equipo de búsqueda y rescate en estructuras colapsadas del Consorcio.

Desde entonces, sus efectivos han participado en algunas de las principales emergencias vividas durante los últimos años. Durante la pandemia de la COVID19 realizaron más de 800 intervenciones, además de colaborar posteriormente en la emergencia provocada por el volcán de Cumbre Vieja, en grandes incendios forestales y en la DANA de Valencia.

Precisamente, por esta última intervención recibieron hace unas semanas un reconocimiento después de haber sido, según se destacó durante el acto, el primer servicio de España que llegó para prestar ayuda en las zonas valencianas afectadas por la catástrofe.

Palanco ha mostrado su satisfacción y orgullo por un contingente que se puso a disposición para viajar a Venezuela en un tiempo especialmente reducido. El gerente ha definido al CPEI como un «equipo y un servicio humilde, pero bien organizado».

«Nos traemos la satisfacción del deber cumplido»

En representación del equipo desplazado a Venezuela ha tomado la palabra Luis Moreno, jefe de guardia de Mérida y responsable del contingente, quien ha agradecido el «apoyo constante» recibido durante la misión.

Moreno ha querido reconocer especialmente el trabajo del personal que permaneció en Badajoz mientras el equipo actuaba sobre el terreno. «Estuvieron siempre disponibles, con cercanía e implicación, y nos demostraron que nunca estuvimos solos», ha señalado.

El responsable del equipo ha asegurado que formar parte de la misión ha sido «un privilegio» y ha destacado el compañerismo existente entre todos sus integrantes. Los efectivos regresan con «la satisfacción del deber cumplido», pero también con sentimientos difíciles de gestionar tras lo vivido en las zonas más golpeadas.

Una «profunda sensación de impotencia»

Pese al esfuerzo realizado, Luis Moreno ha reconocido que el equipo vuelve de Venezuela con una «profunda sensación de impotencia, ya que por mucho que quisiéramos no podíamos hacer más».

Los bomberos del CPEI no pudieron experimentar durante la misión la satisfacción de encontrar a alguna víctima con vida entre los escombros. Una circunstancia que ha marcado profundamente a los integrantes del dispositivo.

Moreno ha recordado especialmente uno de los episodios más duros vividos durante la semana. A su llegada a un edificio derruido, los familiares de las víctimas les comunicaron que eran los primeros bomberos que conseguían llegar hasta allí.

«Pero no pudimos hacer nada. Y la mirada, el abrazo con esos familiares y el silencio de ese momento permanecerán conmigo siempre», ha relatado.

Una experiencia extrema que deja en los diez efectivos la satisfacción de haber respondido a la llamada de ayuda y haber puesto sus conocimientos al servicio de las víctimas, pero también la huella emocional de una catástrofe ante la que, pese a todos los esfuerzos, no siempre fue posible hacer más.

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