Hijo de una mexicana de la Mérida mexicana y un español de la Mérida extremeña, este joven periodista y escritor regresa a la ciudad de su padre para participar en el Congreso Internacional de Periodismo de Migraciones. Su historia personal es también un viaje a través de cinco siglos de conquistas, dictaduras, migraciones y memoria compartida.
“Soy hijo del amor de dos personas de Méridas distintas”. Paul Antoine Matos tiene una relación con Mérida que parece sacada de una novela. Sus padres se conocieron gracias a un encuentro internacional de ciudades que comparten ese nombre. Su madre, mexicana, trabajaba en el Ayuntamiento de Mérida, en Yucatán. Su padre, Ricardo Ordóñez, era un empresario originario de la Mérida extremeña. En 1992, cuando España celebraba los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, sus caminos se cruzaron. Un año después nació Paul, fruto de una historia de amor entre dos ciudades separadas por el océano Atlántico.
En el mundo existen cuatro Méridas principales: la española, en Extremadura; la mexicana, en Yucatán; la venezolana, en los Andes; y la filipina, en la isla de Leyte. Cuatro lugares de tres continentes unidos por un nombre que remite a siglos de historia compartida, conquistas y migraciones. 33 años después, Paul regresa a la ciudad de su padre para participar en la novena edición del Congreso Internacional de Periodismo de Migraciones de Mérida, celebrado el pasado 15 de octubre. Llega en autobús desde Sevilla, donde realiza un máster en Estudios Americanos. Este joven de mirada atenta y una curiosidad que se refleja en su conversación deja sorprendidos a los periodistas que han conocido su extraordinaria historia durante el Congreso. Pero su viaje empezó mucho antes.
Desde pequeño escuchaba las historias que su madre le contaba sobre aquella otra Mérida. En 2007, cuando tenía 14 años, viajó por primera vez a Extremadura para conocer a su padre y a su familia española. Su padre falleció en febrero de 2015, a los 70 años, y Paul no regresaría hasta 2021, cuando decidió reencontrarse con sus hermanos, tíos y primos y reconstruir una parte de su propia historia que todavía conocía poco. Aquel viaje acabó convirtiéndose en un ambicioso proyecto literario que actualmente busca editorial: ‘La sangre migra’, un libro en el que las historias de su familia se entrelazan con cinco siglos de historia compartida entre Extremadura y América Latina.
Su punto de partida es profundamente personal, pero pronto se transforma en una reflexión sobre la violencia, las migraciones y la memoria. Paul investiga la Extremadura de los conquistadores que emprendieron la colonización de América, pero también la de quienes emigraron huyendo de la pobreza. Una tierra que, recuerda, ha sufrido históricamente profundas desigualdades y que hoy afronta problemas como la despoblación. La historia de sus abuelos le permite recorrer algunos de los episodios más oscuros del siglo XX español, desde el final de la monarquía y la Segunda República hasta la Guerra Civil, la represión franquista y la posguerra. De hecho, uno de sus tíos nació en agosto de 1936, el mismo mes en que las tropas sublevadas comandadas por Juan Yagüe perpetraron la matanza de Badajoz.
La generación posterior, la de su padre –un empresario extrovertido que vivió la transición democrática, la apertura hacia Europa y las libertades de los años ochenta y noventa– le sirve para contar la historia contemporánea de España. Para Paul, Extremadura es un espejo de España pero también de América Latina: encuentra paralelismos entre la represión franquista y las dictaduras latinoamericanas, pero también entre las luchas de las víctimas para recuperar la memoria de sus familiares desaparecidos. Paul cree que «América Latina no se puede contar sin Extremadura y definitivamente Extremadura no se puede contar sin América Latina» porque ambas regiones comparten «una historia de sangre pero también de memoria».
En México, su país natal, la violencia del crimen organizado y la desaparición de personas han marcado las últimas décadas. Este joven periodista observa cómo las experiencias de búsqueda y resistencia han viajado de un continente a otro, desde las familias de desaparecidos de las dictaduras sudamericanas hasta los movimientos memorialistas españoles y los colectivos de madres buscadoras mexicanas o argentinas. No se trata únicamente de mirar al pasado, pues le preocupa especialmente el avance del negacionismo histórico, tanto respecto al franquismo como a la conquista de América.
Paul considera que existe una relación entre quienes pretenden pasar página sobre la dictadura española y quienes rechazan revisar críticamente la colonización. Esta reflexión está detrás de su interés por el Congreso Internacional de Periodismo de Migraciones de Mérida. Descubrió su existencia en 2021, mientras trabajaba en su libro, al descubrir con sorpresa que dos pesos pesados del periodismo latinoamericano, Martín Caparrós y Eileen Truax, habían participado en un encuentro dedicado a las migraciones precisamente en la ciudad de su padre. Contactó con participantes y organizadores, entre ellos Truax y Patricia Macías de la Fundación porCausa, para comprender mejor esa conexión entre Extremadura y los movimientos migratorios. «Me pareció increíble que se haga en un lugar como Mérida», explica.
Su presencia en esta novena edición, dedicada especialmente a la infancia y la juventud migrante, cierra de alguna manera un círculo personal y profesional. Paul es periodista, escritor y autor de dos libros de crónica. También él ha emigrado, aunque reconoce hacerlo desde una posición relativamente privilegiada: estudia en España gracias a una beca mexicana y reside en un país cuya cultura e historia le resultan familiares.
Esa experiencia le lleva a cuestionar cómo los medios de comunicación abordan las migraciones. Considera que existe una atención desproporcionada hacia quienes llegan en condiciones de vulnerabilidad, mientras apenas se examina el impacto de las personas que migran desde posiciones de privilegio económico, incluidos muchos de los llamados “expats”. En ciudades como la Mérida mexicana él mismo vio cómo la llegada de extranjeros con mayor poder adquisitivo impacta en el encarecimiento de la vida. Son movimientos migratorios que, a su juicio, merecen tanto análisis periodístico como los demás.
Su sueño sería llevar el Congreso Internacional de Periodismo de Migraciones a las otras Méridas del mundo. «Ojalá algún día podamos hacer un congreso de periodismo de migraciones en las tres grandes Méridas del mundo: en la de Venezuela, en la de Yucatán, México, y aquí».
Mientras busca una editorial que publique ‘La sangre migra’ en España y México, Paul sigue explorando los vínculos que marcaron su nacimiento. No conoce a ninguna otra persona cuyos padres procedan de dos Méridas diferentes, aunque sospecha que no debe ser el único.
Paul habla de las «conexiones del universo que dieron lugar a que naciera yo y quisiera contar esta historia”. Quizás su historia sea precisamente eso: la demostración de que las migraciones no solo separan familias y territorios. A veces también los reúnen, crean vidas inesperadas y permiten recuperar memorias que, de otro modo, morirían en el olvido.


