Daniel Morcillo, el futuro docente que apuesta por entender y apoyar el TEA desde el aula

Daniel Morcillo, futuro profesor, decide apostar por los niños TEA, ayudarlos y guiarlos en su etapa educativa

Uno de cada cien niños en España nace con trastorno del espectro autista, por lo que se estima que hay 450.000 personas con autismo en el país. En cuanto al ámbito escolar, representan el 0,94%, lo que los convierte en el grupo más numeroso de niños con necesidades especiales, pero aún así, hay familias o docentes que no saben cómo afrontar la situación. 

Daniel Morcillo, tanto como futuro profesor como a nivel personal lo tiene claro, decide apostar por estos niños, ayudarlos e intentar guiarlos en el primer capítulo del libro llamado vida.

¿Cuáles son tus planes ahora que has terminado la carrera?

Los planes a futuro que tengo de forma inmediata, son un curso que se llama Deca, que ya prácticamente te lo exigen en todos los colegios concertados para poder impartir la asignatura de religión. Después me voy a preparar las oposiciones que salen este año para ver si puedo entrar por lo menos en bolsa e ir haciendo sustituciones o de interino en cualquier colegio y sacarme el B1 o B2 de inglés. 

 ¿Estás ilusionado por empezar la vida laboral?

Sí, la verdad es que sí. Me gustaría poder llegar a trabajar de lo que he estado estudiando 4 años, y poder hacer lo que más me gusta, que es ser docente.

 ¿Cómo descubriste que tu pasión era ser docente? 

Desde siempre he tenido cierta afinidad por los niños pequeños. He estado estudiando magisterio infantil y la relación con los niños siempre ha sido buena. Se me ha dado bien explicarle las cosas y expandir sus conocimientos. Esa es una labor social que personalmente me llena mucho, es una profesión muy bonita y que recomiendo a todo el mundo. 

¿Creés que los profesores, sobre todo de infantil, tienen una gran responsabilidad? porque al final son los que educan a los niños.

Si tienen una labor muy importante. Además, ya no solo de educar a nivel personal, ya sea con valores éticos a los niños, sino lo que viene siendo también el sustentar las bases de los conocimientos más primarios y primordiales, como puede ser aprender a sumar o leer. 

Creo que hay un debate entre, si los niños tienen que ser educados desde casa por sus padres o hay muchos que piensan que los tienen que educar en el colegio. ¿Tú qué piensas sobre esto?

Para mí es un trabajo que debe realizarse por ambas partes. Es importante que los niños vayan al colegio educados ya de casa, con ciertos valores y demás, y que ya los docentes continuemos estableciendo más valores, pero es importante que los padres entiendan que también parte de esa responsabilidad recae en ellos. 

¿Sientes presión o ese peso de tener esa responsabilidad bajo tus hombros a la hora de educar a los niños?

No, no siento que tenga un gran peso sobre mis hombros, ya que simplemente me dedico a hacer lo que me gusta y disfruto de ellos. Intento hacerlo de la mejor forma posible, y que ellos también disfruten conmigo. Entonces no, no pienso en ninguna responsabilidad y simplemente me permito disfrutar de lo que hago.

En este cambio de etapa que estás teniendo. ¿Has descubierto, aparte de la docencia, alguna otra pasión?

Lo que he descubierto, también en parte debido a la docencia, es el tratar con diferentes trastornos de diferentes alumnos, acompañar a estos niños es una labor preciosa y que reconforta muchísimo y me ha ayudado a ver la vida de otra forma.

 ¿Cuál ha sido alguna experiencia o anécdota que te haya marcado con estos niños con algún tipo de trastorno? 

Tengo en especial un recuerdo bastante bonito de dos en concreto y que pertenecen a mis dos periodos de práctica, una de las de segundo y otras de las de cuarto. Las de segundo curso, me marcaron mucho porque era un niño muy desatendido por su familia debido a que tenían varios hijos.

Los padres se negaban por completo a admitir que el niño tenía autismo. Eso afectó bastante al ritmo de aprendizaje del propio niño, y ya no solo eso, sino que que a nivel personal al niño se le veía no muy bien atendido. Era una situación que chocaba mucho porque veías a todos los niños más o menos con una situación familiar normal y buena.

 ¿Y las segundas? 

En las de cuarto, personalmente me marcó mucho una niña también que tenía autismo, que conecté mucho con ella a nivel personal y me ayudó a comprender cómo es el mundo del autismo. Me hizo darme cuenta de que a lo mejor quería dedicarme a eso en un futuro.

¿Qué consejo le darías a los padres que han descubierto que su hijo es autista? ¿Qué les dirías?

Que lo quieran mucho, que es igual que cualquier otro niño, lo único que tiene peculiaridades que lo pueden hacer, entre comillas, diferente al resto, pero que no por eso se rindan o lo vean difícil y que busquen ayudas si la necesitan tanto profesionales o con el propio centro, que le pueden ayudar mucho para que su hijo o hija pueda seguir evolucionando, ya no solo a nivel personal, sino a nivel académico.

¿A la hora de relacionarse, estos niños, tienen diferencias en cuanto a otros? ¿Tuviste que ayudarles más?

Como estoy en la etapa de educación infantil que va desde los 3 a los 6 años, los dos niños que me tocaron no sabían hablar. Entonces eso les dificultaba mucho su interacción con el resto, pero he de decir que por parte de las tutoras, y los propios alumnos, se integraban bien y les intentaban cuidar y ayudar. Entendían que era un niño que tenía unas particularidades diferentes al resto, sin ser ofensivos o dañinos hacia el niño o la niña que tenía autismo. 

Los niños autistas a la hora de expresar sus problemas, les puede costar un poco más, ¿cómo se puede llegar a ver esas expresiones?

He de recalcar que en el autismo hay rasgos generales, pero cada persona, cada niño o niña es muy diferente entre sí, pero de entre esos rasgos generales uno de lo característicos es el problema que tienen para exteriorizar sus sentimientos, debido a que no son capaces de expresarse, por lo menos en esta etapa de infantil, que es en la que yo más he podido centrarme. Al no ser capaces de poder expresar lo que sienten, acaban recayendo en frustración y muchos sentimientos de ira.

 Esas explosiones de ira, pueden llegar a generar conflictos incluso entre las familias. ¿Cómo se puede gestionar eso?

Es difícil de gestionar porque además uno de los problemas que he solido tener con algunos de los niños de las prácticas es que a lo mejor, por poner un ejemplo, se dan un golpe en la cabeza por la mañana, y en ese momento no pasa nada, como si todo siguiera normal. El problema viene, en que a lo mejor por la tarde se pueden acordar del golpe y ahí es cuando no son capaces de manifestarlo y explotan. Y ese es el problema que pueden tener las familias porque no saben qué le pasa, cómo no es capaz de manifestar lo que siente y él qué le ha pasado. A veces la familia se pueden quedar un poco desconcertadas y no saben cómo poder gestionarlo.

Por último, ¿cuál es tu recomendación como docente que ha tratado con este tipo de niños para tratar con ellos y poder intentar ayudarles? 

Yo creo que el factor fundamental es tener mucha paciencia, debido a que el ritmo de aprendizaje es mucho más lento que el de otro niño, hay que ser muy cariñoso con ellos. Yo recomiendo siempre ponerse en manos también de profesionales. Si alguna familia no sabe acerca del tema, creo que es muy recomendable hablar con ellos, ya que les puede ayudar mucho a gestionar todo, sobre todo por el bien del niño o de la niña.

Daniel Morcillo

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